Antiguamente, cuando aún no se habían creado los sellos, las cartas llegaban a su destino a través de un mandatario oficial. Cuando la correspondencia llegaba a su destinatario, éste tenía que abonar una tasa fijada según el servicio que se le prestaba. Curiosamente, el importe dependía de la distancia recorrida para hacer la entrega y no del peso de la carta; además, la tasa se abonaba en el momento en que se recibía la entrega y no cuando se enviaba. Esta medida, no del todo justa, daba lugar a numerosas discusiones por parte de aquellos destinatarios que no deseaban recibir tales entregas o que no podían pagar el importe. Esta etapa de la historia del correo, anterior al nacimiento del sello y de la filatelia, también ha llamado la atención de los coleccionistas y de los investigadores.
Los sobrescritos han sido objeto de numerosos estudios, ya que son la forma más adecuada de conocer la historia del correo desde sus albores hasta la aparición de los primeros signos postales de pago por anticipado. Las marcas prefilatélicas están comprendidas en las siguientes clases: origen, tránsito, porteo, destino y fecha. Deben coleccionarse las piezas enteras (con las sobrecartas) y no las marcas recortadas.
Estas marcas, conocidas en la actualidad como prefilatélicas, indican la población de donde partía el envío. Posteriormente se introdujeron los «fechadores», unos elementos muy buscados por los coleccionistas de prefilatelia. Hacia 1819 el reino de Cerdeña introdujo el papel postal timbrado en la correspondencia. Llevaba un dibujo impreso (un niño montando un caballo al galope) y la indicación del valor del porteo dentro de un óvalo. Estas cartas, que hacían oficial el correo, reciben el nombre de «cavallini» y constituyen uno de los mejores ejemplos de prefilatelia. Pero el país donde se produjo el tránsito de la prefilatelia al sello fue Inglaterra, y el hombre que la hizo posible, encabezando la mayor reforma postal de la historia, fue Rowland Hill fue él quien hizo realidad la idea de implantar un sistema postal barato y eficaz. Era partidario de introducir un método de pago adelantado del franqueo y sugirió «un pequeño trozo de papel, lo justo para que quepa un sello, que por detrás se cubra con una capa pegajosa». Demostró que el coste de transportar una carta de una ciudad postal a otra era insignificante. También demostró que era mucho mejor calcular el coste según el peso en lugar de medirlo por distancias. Propuso una tarifa única de 1 penique para las cartas de media onza repartidas en Inglaterra; el pago por adelantado podría realizarse utilizando una etiqueta o un papel especial diseñado a tal efecto.
Todo ello fue aprobado por las autoridades británicas. En 1839 se organizó un concurso de diseños para las etiquetas adhesivas y de papel sellado. Aunque se presentaron más de 2.600 participantes, ninguno de los diseños resultó apropiado. Tuvo que ser el propio Rowland Hill quien lo diseñara, contando para ello con la ayuda de los impresores Perkins, Bacon y Petch. Pero como la demanda pública de un franqueo uniforme fue tan desmesurada, el 10 de enero de 1840 se tuvieron que introducir nuevas tasas. Finalmente, el 6 de mayo de 1840 salieron a la venta los sobres sellados diseñados por William Mulready y los famosos sellos de 1 penique. El de 2 peniques se emitió el 8 de mayo. Había nacido el sello.