Como primer ejemplo de falso parcial podemos considerar la manipulación de un sello tipo original sobreestampado con una sobrecarga falsificada. El lavado de piezas también es una práctica corriente en el mundillo de la delincuencia filatélica. De un sello matasellado, tratado con disolventes químicos que no dañen el color, y al que además se añade goma en el dorso, podemos obtener perfectamente un sello nuevo que aumente su valor de mercado. Por el contrario, si los catálogos valoran la pieza matasellada por encima de la nueva, el método de falsificación consiste en reproducir mecánicamente o a mano un cuño sobre parte del sello.
Gomas, filigranas y dentados
Si el caso anterior es frecuente, no lo es tanto el añadido de filigranas.
La filigrana falsa se obtiene adelgazando ligeramente el papel y dándole la forma afiligranada o montando el sello original sobre un papel con filigrana obtenido de otro sello o de bordes de hoja.
Cuando los sellos clásicos tienen más valor dentados que sin dentar, se falsifican tomando un sello sin dientes, de amplios márgenes, y transformándolo con una máquina de coser o de perforar. Cuando el dentado es lineal, esta operación resulta fácil. También se lleva a cabo la operación inversa, esto es, suprimir el dentado recortándolo con un simple par de tijeras o montando el sello sobre un borde de hoja. Se falsifican asimismo las cartas, eliminando una o la totalidad de las piezas originales que llevaban adheridas y sustituyéndolas por otras de mayor valor, o bien aprovechando un sobre que haya realizado su función circulatoria sin efectos timbrados.
Sellos pintados
Existen también sellos pintados a mano. El laborioso trabajo se realiza directamente sobre el efecto postal o sobre un papel de época. En algunos casos, se trata de falsificaciones de ejemplares inexistentes en los que el falsificador se ha dejado llevar por su fantasía